El tiempo en una taza
El café llegó a Cuba a finales del siglo XVIII, traído por colonos franceses que emigraron desde Haití tras la revolución. Se establecieron principalmente en las montañas del oriente cubano, donde las condiciones climáticas y el terreno favorecieron el desarrollo de cafetales de alta calidad.
A lo largo del siglo XIX, el cultivo del café se expandió y se consolidó como uno de los pilares de la economía agrícola de la isla. Pero más allá de su valor comercial, el café comenzó a echar raíces en la cultura y la cotidianidad del cubano.
Con el tiempo, el “cafecito” se convirtió en algo más que una bebida: es un gesto de cortesía, una excusa para conversar, una pausa en medio del día. Ya sea al amanecer en una casa habanera o tras el almuerzo en un rincón de Santiago, el café sigue siendo fuerte, dulce y profundamente nuestro.
Hoy, siglos después de su llegada, el café en Cuba continúa siendo un símbolo de identidad y tradición. Un sabor con memoria, que acompaña cada momento de la vida.
En Cuba se toma así...
El café cubano es una de las tradiciones más arraigadas en la vida diaria de la isla. No es solo una bebida energizante, sino un símbolo de identidad, de hospitalidad y de encuentro. Forma parte de las mañanas, las sobremesas y los momentos compartidos, ya sea en casa, en la calle o en el trabajo. Su aroma anuncia conversaciones, su sabor invita a la pausa, y su presencia acompaña desde hace generaciones la cotidianidad del pueblo cubano.
Su preparación es casi un ritual, marcada por gestos heredados y costumbres que varían de familia en familia. Fuerte, corto, y servido en pequeñas tazas, el café cubano concentra no solo sabor, sino también historia y sentimiento. Es parte del alma cultural de Cuba, una tradición viva que sigue conectando a las personas más allá del tiempo y la distancia.
Lo que llevamos en cada grano
Cada taza
es un viaje sensorial hacia lo auténtico.
Ideal para quienes prefieren sabores definidos, robustos, con alma de tradición
y espíritu de fuerza.
Porque no
todos los días se toma un café…
Hay días que se beben con carácter.
El arte del tueste cubano
El tostado del café cubano es un proceso clave que define su personalidad intensa y su aroma inconfundible. Se trata de un arte cuidadosamente dominado, donde los granos verdes se transforman lentamente mediante calor hasta alcanzar un tono oscuro y brillante, liberando todo su potencial aromático.
Durante este proceso, los granos son tostados a temperaturas controladas, entre 180 °C y 240 °C, dependiendo del perfil deseado. En el caso del café cubano, se suele preferir un tueste medio a oscuro, lo que resalta las notas intensas, reduce la acidez y potencia su cuerpo característico. Este tueste profundo es el que da lugar al sabor fuerte, ligeramente amargo y envolvente que distingue al café servido en tantos hogares de la isla.